Publicado por BcH el Feb 3, 2010 en
Castillos,
Combate

Ya hemos comentado cómo las puertas eran el punto más débil del contorno defensivo de un castillo y por lo tanto uno de los que mejor debían ser defendidos. El rastrillo era la defensa más típica y habitual. En la imagen de esta entrada se puede ver un rastrillo elevado en la puerta. Un método de defensa sencillo y efectivo, pero con un grave problema. Si el rastrillo estaba elevado, aunque fuera parcialmente, cuando el enemigo llegaba hasta él, podría inutilizar sencillamente poniendo algún elemento rígido que lo sostuviera.
Para evitar este problema, se ideó otro sistema en el que el rastrillo era sustituido por una serie de maderas verticales independientes. Así, si se bloqueaba su caída, únicamente se detenían algunos de los barrotes llegando los demás hasta el suelo y por lo tanto cumpliendo con su cometido.
Etiquetas: asaltos, asedios, Castillos
Publicado por BcH el Ene 21, 2010 en
Combate,
Espectáculos,
Roma

Naumaquia. Combates navales
De todos es bien conocida la afición de los romanos por los grandes espectáculos, como las carreras de cuadrigas en el Circo o las luchas de gladiadores en el Anfiteatro. Pero seguramente el espectáculo de carácter belicoso más impresionante que se llevó a cabo en época romana fue el de la naumaquia, verdaderos combates navales con barcos reales repletos de condenados a muerte, que combatían unas veces en entornos naturales y otras artificiales. Toda una demostración de que los romanos, cuando se ponían, eran capaces de organizar eventos de magnitudes hoy día incomprensibles.
Como decíamos, las naumaquias eran luchas navales con birremes y trirremes de tamaño natural, en las que combatían a veces hasta 20.000 personas, condenados a muerte casi todos ellos y que a diferencia de los combates de gladiadores que solían enfrentar a estos de uno en uno, se componían de dos auténticas flotas de combate que peleaban a muerte durante horas.
Los combates se organizaron en contadas ocasiones y siempre a causa de algún acontecimiento de importancia, debido a lo costoso y complejo que era a nivel de infraestructura. Algunos de los más famosos fueron los organizados por Julio César, Augusto o Claudio, y se llevaron a cabo bien en piscinas artificiales, bien en lagos o incluso inundando el Anfiteatro de Roma, el enorme Coliseo.
Sin duda debió ser un espectáculo digno de verse, salvo si se era protagonista, claro.
Etiquetas: anfiteatro, coliseo, Espectáculos, naumaquia
Publicado por BcH el Ene 10, 2010 en
Combate,
Roma
Todos hemos visto más de una vez alguna película donde aparecen gladiadores luchando en el anfiteatro romano: unos con casco, otros con tridentes, redes, etc… pero quizás no sepamos qué clases de gladiadores había y en qué se diferenciaban unos de otros. A continuación los listamos todos a la voz de los que van a morir os saludan:
- Samnitas: su armamento se componía de un gran escudo oblongo, un casco con visera, cresta y cimera de plumas, una ócrea en la pierna izquierda, una especie de brazal de cuero o metal que cubría en parte el hombro en el brazo derecho y una espada corta.
- Mirmillones: usaban casco de bordes amplios con una alta cresta, que les daba aspecto de pez. Llevaban pollera corta, cinturón ancho, armadura en su pierna izquierda y en su brazo derecho y el clásico escudo rectangular curvado del legionario romano. Su arma era el gladius.
- Tracios: uniformados con un pequeño escudo rectangular o “parmula” y una espada muy corta con hoja ligeramente curva o “sica”. Su indumentaria incluía armadura en ambas piernas, necesarias dado lo reducido de su escudo, protector para el hombro y brazo de la espada, pollera corta con cinturón ancho y casco con pluma lateral, visor y cresta alta.
- Reciarios: combatían con los secutores y vestían túnica corta o faldilla con cinturón y llevaban el brazo izquierdo cubierto con una manga, iban con la cabeza descubierta y armados de una red, un tridente (fuscina) y un puñal.
- Secutores: iban armados de casco, escudo y espada, derivación de los mirmillones para combate con los reciarios.
- Homoplachi: llevaban armadura completa, compuesta de casco con visera, coraza y ócreas. Su escudo era circular, a semejanza del que usaba la infantería griega.
- Otros gladiadores menos frecuentes eran los laquearii (escasamente armados), los equites (gladiadores que combatían a caballo), los essedarii (combatientes sobre carros), los andabatae, los dimanchaeri (luchaban con dos espadas) y los provocatores (que abrían los combates).
Etiquetas: anfiteatro, gladiadores
Publicado por BcH el Dic 20, 2009 en
Caballeros,
Combate

En ocasiones, un caballero hacía una promesa para mostrar su valor o por algún otro tipo de cuestión, y por la misma se obligaba a las situaciones más variopintas: permanecer sin afeitarse durante un determinado tiempo, sin cortarse el cabello, vivir con un ojo cubierto por un parche, no comer carne en ciertos días…
Una de estos tipos de promesas era el conocido como paso de armas. En estos casos, el caballero se comprometía a luchar contra todos aquellos que pasaran por determinado lugar hasta dar fin a la promesa. Si los viajeros no querían luchar, deberían ir por otro camino. Para estas acciones se solía escoger un puente, un cruce de caminos o algún enclave similar.
El caballero castellano Suero de Quiñones llevó a cabo uno de estos pasos de armas en un puente sobre el río Órbigo, en el camino de Santiago a su transcurso por León. Es quizás uno de los más famosos. Prometió llevar al cuello una argolla todos los jueves hasta que él y sus compañeros hubiesen roto en aquel lugar 300 lanzas en su lucha contra otros caballeros que pretendieran cruzar el puente. Si no era un caballero sino una dama la que quería pasar el puente, debía entregar el guante de su mano derecha y, además, el caballero que las acompañase debía batirse por ella.
Etiquetas: Caballeros, combates
Publicado por BcH el Dic 16, 2009 en
Caballeros,
Combate
Una nueva entrada gráfica, en este caso para explicar la simbología de la espada medieval y algunas de sus partes. Para ver la foto en tamaña completo, únicamente hay que pinchar sobre ella.

Simbología de la Espada
Etiquetas: Caballeros, espada
Publicado por BcH el Nov 25, 2009 en
Castillos,
Combate,
Construcciones
Habitualmente, después de un tiempo de asedio a un castillo llegaba el momento del asalto al mismo. Si el asedio no había cumplido el objetivo de rendir el castillo, había que echar mano a las armas de asalto. También es cierto que en ocasiones no había asedio y se pasaba directamente al asalto. Haremos un repaso rápido, mucho más extenso en el libro “Vivir en un castillo medieval”, sobre los tipos de asalto.
Durante el propio asedio y para abrir un hueco en el lienzo de la muralla, comenzaban a utilizarse los ingenios militares de la época para el lanzamiento de proyectiles: catapultas, trabucos… En la mayoría de las ocasiones se lanzaban piedras, pero también objetos incendiarios, en este caso no contra el lienzo sino dentro del propio recinto amurallado.
Otra forma de franquear la muralla y de permitir el asalto, era derrumbar los propios muros. Para ello se utilizaban las llamadas minas; túneles que se escarbaban hasta situarse bajo la misma muralla. El túnel se sostenía con puntales de madera que una vez llegado el momento eran retirados, hundiendo la defensa al desaparecer, literalmente, el suelo sobre el que se sustenta.
Otro método de asalto, arriesgado y costoso en vidas a pesar de los métodos de protección empleados, era el ataque directo a la puerta del castillo. La puerta era el punto más débil de todo el perímetro y se intentaba aprovechar tal cosa. Usando arietes, también llamados carneros, se golpeaba la puerta hasta echarla abajo. En esta operación el atacante se exponía mucho, y por ello se crearon las denominadas tortugas y gatas (que podéis ver en el glosario de castillos), que eran arietes con protección.
Hemos visto métodos de asalto haciendo un hueco en la muralla, derrumbándola con un ataque por debajo, intentando atravesarla por la puerta, pero no olvidemos que también podemos intentar superarla por encima. Este tipo de asalto se hacía usando escalas para trepar por el lienzo o usando ingenios como las torres de asalto.
Por encima, por debajo y a través. Siempre un camino duro y costoso en vidas. Por lo tanto, la opción más sencilla, y no la menos común, era buscar algún traidor o aliado dentro del castillo que facilitara de algún modo el acceso al mismo. Ya tratamos en su momento el uso de las denominadas puertas de la traición.
Etiquetas: arietes, asaltos, asedios, Castillos, murallas, muros
Publicado por BcH el Nov 15, 2009 en
Castillos,
Combate,
Religión

Hay una famosa frase que reza aquello de “
nada une más que un enemigo común”. En ocasiones esto es totalmente cierto, pero en otras las rencillas son más fuertes que el odio al enemigo común. Para evitar estos problemas, en la Edad Media, el papado establecía la Paz Universal. Las luchas entre los diferentes reinos y dominios cristianos eran comunes y mantenían ocupados a los ejércitos. Por esto, cuando la Iglesia decidía que era el momento de unirse contra un enemigo común, es decir, cuando había llegado el momento de hacer una cruzada, se prohibían las luchas entre cristianos. Todos los cristianos unidos, temporalmente, contra el “infiel”, fuera en Tierra Santa o fuera en la península Ibérica, en plena reconquista.
El papado proclama la Paz Universal y esto prohibía combatir entre creyentes para así no desgastar fuerzas y recursos que debían ser aprovechados en una guerra por Dios. Se anunciaba en todas las iglesias de la cristiandad y así el que infringía aquella norma estaba enemistado con el representante de Dios en la tierra. Algo muy importante en aquellos tiempos. Por otro lado, luchar en la cruzada significaba indulgencias plenarias, lo que suponía otro aliciente.
Por decirlo todo, sospecho que esta Paz Universal en muchos casos no era más que una paz temporal y que en otros no fue tan efectiva como el papado hubiera deseado. En cualquier caso, tenía su utilidad y su sentido común detrás.
Publicado por BcH el Nov 3, 2009 en
Castillos,
Combate

Un castillo estaba pensado para servir de protección y sus elementos de defensa iban desde lo más obvio y claro: unas murallas altas y gruesas, hasta pequeños detalles que podrían ser de ayuda a medida que la batalla por el castillo fuera avanzando. Son muy conocidas las puertas de los castillos; una vez pasada la primera de ellas, el atacante entraba en un pasadizo en el que se le atacaba desde el techo, con líquidos hirviendo o con flechas.
Pero no todas las artimañas son tan obvias. Una vez dentro del recinto del castillo, los atacantes eran obligados a recorrer un determinado camino o pasillo en el que había giros a la izquierda de noventa grados, preparados para que los defensores pudieran repeler el ataque en ese punto. Al girar a la izquierda, el invasor, habitualmente con el escudo en su brazo izquierdo y la espada en el otro, dejaba su flanco derecho al descubierto y se convertía en un objetivo más vulnerable. Un pequeño detalle constructivo que significaba una ventaja para el defensor y podía hacer fracasar un asalto.
En esta línea también tenemos las escaleras de caracol, en este caso ya dentro de los edificios. El defensor luchaba desde arriba y el atacante debía subir las escaleras, combatiendo desde abajo. Estas escaleras giraban hacía la derecha incomodando el uso de la espada al que venía de abajo, obligándole a luchar «de revés». En cambio, el defensor puede golpear con toda su fuerza y sin problemas.