El Escorial en Google Maps
Esta es la vista aérea de El Escorial, tomada de Google Maps. En la imagen se puede contemplar los jardines aledaños, la forma en cruz de la parte más religiosa del edificio y todos los edificios aledaños.
Esta es la vista aérea de El Escorial, tomada de Google Maps. En la imagen se puede contemplar los jardines aledaños, la forma en cruz de la parte más religiosa del edificio y todos los edificios aledaños.
Una obra del calibre de El Escorial tenía un complejo sistema de cargos para organizar los trabajos y llevar a buen puerto el proyecto. Uno de estos cargos era el de sobrestante. Estos eran el enlace entre el arquitecto y los aparejadores y los obreros.
Hacían una ronda diaria sobre la parte de la obra que tenían asignada y vigilaban la asistencia de los trabajadores, su puntualidad y la calidad de su trabajo. Las herramientas también eran supervisadas por el sobrestante y se encargaba de que los materiales a enviar desde las canteras y tejeras estuvieran a punto cuando fuera necesario.
Su sueldo era de tres reales al día, más derecho a médico y botica. El sueldo de los trabajadores se abonaba en función de las notas y listas que hacia el sobrestante. Como vemos, un cargo importante en la obra.
La biblioteca de El Escorial es un punto crucial del lugar. No es casualidad que se encuentre en el eje principal del edificio, que conducía a la basílica. Tenía dos plantas, con gran cantidad de libros, valiosos mapas y otras curiosidades. Su decoración, a cargo de Tibaldi, también fue minuciosamente pensada.
Felipe II quiso dotar a El Escorial de una biblioteca que fuera centro de conservación y estudio del conocimiento acumulado durante siglos. Como base para el diseño de los frescos que adornaban el espacio se tomó la fe verdadera, pilar de todo según el monarca. En los extremos estaban representadas la filosofía con la escuela de Atenas y la teología con el concilio de Nicea. En el cuerpo de la bóveda, las siete artes liberales: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, música, geometría y astrología.
También se representaron los astros tal y como estaban en el momento del nacimiento de Felipe II, según la carta astrológica que elaboró en 1550 Matthias Hacus.
Cuando Felipe II decidió llevar a cabo la obra de El Escorial, también se vio impactado el entorno ya que este se acondicionó para que satisficiera al rey y sus aficiones. Se crearon en el entorno casas de recreo, estanques, cotos de caza, jardines, huertas… de tal forma que Felipe II pudiera disfrutar de la naturaleza, tal como deseaba.
Al parecer el rey era un antófilo (amante de las flores) y le gustaba pasear por el campo y recrearse con la naturaleza. Verdaderos expertos, llegados algunos de los Países Bajos, diseñaron los estanques. La caza y la pesca eran aficiones muy practicadas por el monarca, que solía pasar largas horas en esos menesteres, comiendo a la sombra de un árbol cuando llegaba el momento.
Eso sí, una cosa ha de quedar clara: aquella naturaleza pertenecía al rey. Pescar o nadar en aquellos estanques estaba multado con 3.000 maravedíes, así como cazar en las dehesas destinadas al monarca.
La incorporación al monasterio de El Escorial para los futuros monjes se efectuaba cuando estos tenían entre 9 y 13 años. No todo el mundo podía ingresar, y las normas eran estrictas en cuanto al origen del candidato.
En un primer lugar el joven solía proceder de algún lugar cercano al monasterio o bajo su influencia. Además, debía mostrar su limpieza de sangre, algo tan vital en aquellos tiempos y tan primordial en muchos aspectos de la vida de entonces. Este requerimiento estaba escrito en los propios estatutos de la orden de San Jerónimo, la orden del monasterio de El Escorial.
La limpieza de sangre excluía directamente a todos aquellos que tenían alguna traza judía o morisca en su origen. Pero no sólo esto, también estaban excluidos todos los niños cuyos padres ejercieran trabajos “viles” como: herrero, arriero, molinero, mesonero, pregonero, porquerizo, zapatero… Casi acabamos antes aclarando que hidalgos y labradores estaban fuera de esta lista de “marcados”.
Foto: Cruccone
Hace unos días presentábamos las monedas de uso común durante época de construcción de El Escorial. Hoy comentaremos los precios, por supuesto, en relación a los sueldos de entonces. Por ejemplo, un peón de la obra cobraba 2 reales (64 maravedíes) por día. Un profesor de gramática del Estudio de la Villa se embolsaba poco más de un real al día. Los cargos de la fábrica de San Lorenzo (aparejadores, escribanos…) cobraban entre los 4 y los 7 reales.
Con estos salarios como orientación, podemos valorar mejor los precios. Medio kilo de sardinas costaban unos 20 maravedíes (medio real), un huevo, 3 maravedíes y un pan de algo más de un kilo, costaba 9 maravedíes. Un litro de vino, 5 maravedíes.
Vestirse, sin lujos, para un año se llevaba unos 100 reales, es decir, unos 20 jornales para un trabajador cualificado y unos 50 para un peón de la obra. Como vemos, comer y vestirse se llevan una buen parte de los jornales, a lo que hay que añadir iluminación (una libra de velas de sebo costaba casi un real), calefacción, la casa…
En un edicto de 1586, el prior de San Lorenzo, independizado del arzobispado de Toledo gracias a una bula papal, señalaba los vicios y pecados de los que debía huir todo habitante de El Escorial. Según sus indicaciones, había de respetarse el ayuno cuaresmal, y cumplir íntegramente los testamentos, al menos cuando estos incluían donaciones a la Iglesia o el pago de misas por el alma del difunto. Cuando no había dinero suficiente para pagar de antemano estas misas, el difunto solía legar unas tierras para que el producto de las rentas sustentara las misas por su alma. Estas tierras, debido a su curioso cometido, no podían ser vendidas o enajenadas.
En el edicto al que hacemos referencia, también se prohíben, entre otras muchas cosas, las prácticas de alcahuetas y se insta a respetar el matrimonio. Este, estaba prohibido entre parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad, salvo que se obtuviera una dispensa papal. Así lo hizo el propio rey Felipe II, que se casó con una prima, una tía y una sobrina a lo largo de su vida.
No es extraño, en nuestros días, escuchar a alguien comentar que más vale ser fontanero o cerrajero, ya que son los mejor pagados. En la obra de El Escorial pasaba algo parecido, eso sí, allí los números estaban tan claros que uno no puede menos que rendirse a lo obvio.
El cordobés Francisco Montalbán, fontanero especializado, estudió y diseñó toda la red de abastecimiento y canalización de las aguas en el monasterio. Por este trabajó cobró 99 reales en 1573. El tiempo que le ocupó la tarea fueron once días, por lo que es fácil calcular que su salario, o jornal para ser exactos, era de 9 reales al día. Esto significa que cobraba más que los aparejadores de la obra. Al fin y al cabo, como vemos, no han cambiado tanto los tiempos.
En otra ocasión hablaremos del buen número de fiestas y celebraciones que tenían lugar a lo largo del año en El Escorial, pero hoy nos centraremos en los toros. Era muy popular correr los toros por la villa, a pesar de que el mismísimo papa Pío V los había prohibido a través de la bula Agitatione taurorum. Esto no detuvo a don Juan de Austria, hermano del rey Felipe II por vía paterna, que organizó una gran corrida de toros en septiembre de 1576.
Don Juan alegaba que disponía de una dispensa papal que le permitía llevar a cabo el festejo y a la gente posiblemente no le importara mucho si aquello era cierto o no. En cambio, el rey, Felipe II, prudente, no asistió a la corrida. No pudo en aquella ocasión el papado con los toros, ya que si bien en aquella ocasión el rey se mantuvo al margen, no mucho después, en 1586, el rey hablaba con tranquilidad de asistir a una corrida de toros que se celebraría en su honor pocos días después de San Juan.
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