El acceso al rey
La entrada al monasterio estaba muy restringida en general, pero en el caso concreto de los aposentos reales el acceso era complicado incluso para los colaboradores más cercanos al monarca. Ninguno de ellos podía presentarse a despachar con el rey si este no lo había ordenado por escrito. El rey “no se comunicaba fácilmente, ni le hablaba ninguno, por principal que fuese, sino el que después de muchas instancias lo pedía, concediéndosele por gracia y notable favor”.
La distancia a respetar también era estricta: “tenía cierto término y raya de donde no había de pasar el privado jamás, y en llegando a ella parecía caer”. Como vemos, no era fácil tener acceso presencial al rey, pero cuando esto se conseguía seguía existiendo una distancia insalvable entre monarca y súbditos, por muy principales que estos fueran.



