La naturaleza “real” de El Escorial
Cuando Felipe II decidió llevar a cabo la obra de El Escorial, también se vio impactado el entorno ya que este se acondicionó para que satisficiera al rey y sus aficiones. Se crearon en el entorno casas de recreo, estanques, cotos de caza, jardines, huertas… de tal forma que Felipe II pudiera disfrutar de la naturaleza, tal como deseaba.
Al parecer el rey era un antófilo (amante de las flores) y le gustaba pasear por el campo y recrearse con la naturaleza. Verdaderos expertos, llegados algunos de los Países Bajos, diseñaron los estanques. La caza y la pesca eran aficiones muy practicadas por el monarca, que solía pasar largas horas en esos menesteres, comiendo a la sombra de un árbol cuando llegaba el momento.
Eso sí, una cosa ha de quedar clara: aquella naturaleza pertenecía al rey. Pescar o nadar en aquellos estanques estaba multado con 3.000 maravedíes, así como cazar en las dehesas destinadas al monarca.



