Mosaicos romanos
Los mosaicos eran elementos decorativos que se podían encontrar en muchas casas romanas igual que hoy podemos encontrar cuadros en nuestros hogares. Estaban construidos a base de unir pequeñas piezas llamadas «teselas» y se podían colocar en paredes, techos o suelos.
Estas obras de arte eran creadas por los mosaistas en talleres específicos y sólo eran transportados en la fase final del proceso para integrarlos en el lugar definitivo y ahí dar los últimos retoques.
Los mosaicos recibían diferentes nombres en función del tamaño de las teselas, de los dibujos y del lugar de destino:
Opus tessellatum: eran mosaicos genéricos con motivos ornamentales no figurados.
Opus vermiculatum: de origen egipcio, hechos con teselas muy pequeñas con las que se podían dibujar las curvas o siluetas con mucha precisión.
Opus sectile: hechos con piedras más grandes y de diferentes tamaños (recortando piezas de mármol) para hacer figuras geométricas, de animales o humanas.
Opus signinum: provenientes de Signia en la región del Lacio, hechos a base de desechos de tejas que daban un polvo coloreado que se mezclaba con cal y daba un cemento rojizo muy duro e impermeable.
El proceso de elaboración era bastante complejo e incluía los siguientes pasos:
-
Primero se hacía un diseño del cuadro, llamado emblema (que viene del griego εμβλημα y significa «algo que se clava en», «adorno en relieve»).
- A continuación se dividía el cuadro de acuerdo al colorido que fuera a tener.
-
Posteriormente se hacía una plantilla en papiro o tela de cada una de esas divisiones y sobre ella se iban poniendo las teselas correspondientes.
-
Por último, una vez hecho todo esto, se transportaba al lugar donde fuera a permanecer y el maestrolo acababa allí.
Fotografías vía flickr: ovando, Sebastià Giralt, GaijinSeb y earendil.thesailor






